Santo Domingo.-En su relación con el altruismo, es decir, con el amor al prójimo como así mismo, un estudio realizado por McCullough, Emmons, y Tsang (2002), encontró correlaciones similares entre gratitud y la empatía, y entre generosidad y la amabilidad.
Las intervenciones psicológicas de las empresas también han delatado que los individuos que tienen personalidades agradecidas desde un primer momento, muestran un mayor beneficio de los ejercicios de gratitud.
Y, según el sabio y filósofo de la antigüedad Cicerón, “la gratitud no es solo la más grande de las virtudes, sino la madre de todas las demás”. También, otros han expresados, que en múltiples estudios han demostrado la correlación entre gratitud y el aumento del bienestar no solo para el individuo, sino para todas las personas involucradas.
Mientras que el movimiento de la psicología positiva ha adoptado estos estudios, y en un esfuerzo por aumentar el bienestar general, ha comenzado hacer un esfuerzo de incorporar ejercicios para incrementar la gratitud en este movimiento. Aunque en el pasado, la gratitud fue descuidada por la psicología, en los últimos años se ha avanzado mucho con respecto a la gratitud y sus efectos positivos.
Hay muchas malas interpretaciones con la susodicha gratitud, ya que algunos creen que oponerse, enfrentar u opinar y tomar posición diferente y a favor de otro, en contra de una persona que te ha hecho favores económicos o de cualquier índole, es una falta de gratitud, o sea, una ingratitud, lo cual no es así necesariamente.
Es todo lo contrario, siempre y cuando se actúe con transparencia y apegado a nuestras convicciones, sin que intervengan por supuesto, el soborno, la vulgar compra de conciencia o cualquier otro favor monetario y de presión psicológica.
Aterrizando con ejemplos prácticos en el mundo político nacional, cómo es posible que una funda de comida o muchas de éstas durante un período de tiempo determinado o una cuantas hojas de zinc, una receta, …, al o a los que han trabajado en las actividades militantes y proselitista de la política o no lo hayan hecho, se puede pensar que su acción no coincidentes con el benefactor, se considere una falta de gratitud; jamás, y máxime, cuando lo que se da es del Estado, que se dice, “es de todos y no tiene dueño y por tanto, no existen los dolientes”.
Es decir, cuando se da lo que no es nuestro, sino del Estado, como el que lo recibe no necesariamente debería agradecerlo, eso es opcional, pero nunca existe una deuda moral ni económica por tal recibimiento. Ahora bien, si se es digno y aplica la gratitud, lo que nunca hace el bien intencionado es intentar dañar o descalificar al que lo ha distinguido. El que lo hace, cae entre los ingratos y sin moral, lo que le elimina la acción ética.
Ahora, es bien conocido, que un cargo de importancia política en el Estado, donde generalmente el beneficiado se lo ha ganado, obviamente, ahí debe existir una gratitud, porque lo seleccionaron entre muchos con mejor, igual o menor arraigo y trabajo político y también profesionalmente que usted.
Pero en definitiva, fue escogido entre muchos. Es una distinción, aunque si recibe el beneficio de un cargo o un favor monetario directo para cambiar de ideas, usted ciertamente no vale nada como persona, o muy poco en el mejor de los casos.
También se da la situación del que da lo de su propio peculio, ahí si realmente hay un favor político personalizado, de sacrificio personal, pero que tampoco se tipifica como una deuda monetaria bajo ningún concepto.
Aunque cuando el aporte personal es de cantidades importantes o significativas, puede ser que usted tenga un compromiso doble, ya que debe ser grato y también existe un favor, que al no ser deuda, es perenne. Ya que es muy cierto, que un favor no se paga con otro favor.
En consecuencia, tener gratitud, esa virtud tan digna, no tiene nada que ver con tener tus pensamientos rentados al otro y mucho menos con que te limiten a tomar tus propias decisiones, aún sea en contra o perjudicando al que te ha hecho favores, solo deben mediar tres variables ante una posición transparente, responsable y digna; la convicción de lo bien hecho, ligado a lo moral y a la ética, no importando la actividad que se dedique, inclusive, la política.

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