Desde las dos de la tarde se veían la gente de todos los rincones de la circunscripción numero dos con gorras y Banderas del PLD caminando hacia la cita con la historia, para ser testigo de la más gigantesca actividad política de cualquier líder local jamás vista en la circunscripción número dos.
No pude ver el reloj cuando la histeria colectiva se apodero de la masa presente en el lugar y mi vista puso el blanco a unos 300 metros de la tarima donde como un enjambre de abeja se movían las banderas y la voz del maestro Julio Puente (Charlie) con su estilo inigualable describía la presencia del anfitrión de la actividad.
Mientras caminaba hacia la tribuna la colectividad frenética de emoción lo tocaba; lo abrazaba y aquellos que no lograban acercársele en medio de esa masa compacta sentían el calor de su mirada y su sonrisa triunfal que provocaba los gritos agitados de las mujeres de todas las edades que ahogaban las expresiones de los hombres quienes estaban en desventajas ante esas miles de damas que no estaban dispuestas compartir al diputado que sigue con su gente
Pasado 22 minutos subía a la tarima el diputado, quien no escondía su emoción por esa entrega de cariño de la multitud que gritaba ¡CABRERA, CABRERA, CABRERA!
El trayecto de Cabrera desde que se desmonto del vehículo hasta el escenario fue todo un espectáculo que mi mente lo compara como la llegada del Undertaker a Wretlemanía o el imponente Hulk Hogan, o del carismático The Rock.

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